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Pensando en pensar

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Pensando en pensar me pierdo en mis pensamientos.

Porque pienso, luego existo, pero si decido no existir y escapar por un instante, no soy capaz de usurpar el pensamiento ajeno y ante la imposibilidad de no pensar en nada, no encuentro el off en mi cabeza.

A veces me debato entre pensar y sentir y ante la duda, siento lo que pienso porque pensar lo que siento no me funciona, mi corazón es un gran anarquista de convicciones profundas.

Si pienso en mí, me siento libre, pero a la vez egoísta y si dedico el tiempo a pensar en ti, debo hacer mía la máxima que dice que de pensar mal acertaré, por si acaso te da por traicionar mis pensamientos.

Hay días en los que me despierto con pensamiento crítico y todo lo cuestiono. Que por qué esto, que por qué aquello, y no siempre encuentro respuesta. Sin embargo, otras veces me dejo llevar por el pensamiento colectivo, cuando estoy cansado y de sólo pensar en pensar me agoto. Entonces me creo lo que me cuentan, por pura inercia, y hago mío el pensamiento que otros quieren que piense como un vulgar parásito de las ideas. Pero lo suelo hacer poco, es peligroso, de seguido tu cabeza enferma rápido de alzheimer de pensamiento y se olvida de pensar por sí misma.

Pero lo peor de todo es cuando mis pensamientos se devoran entre ellos como en un proceso de autofagia entre ideas, canibalismo existencial en mi cabeza.  Entonces una idea se come a otra y esa misma es destruida al instante por otra idea hambrienta.

Pensando en pensar me va a estallar la cabeza.

Mordí el anzuelo

Imagen obtenida de la web www.hipogeo.blogspot.com

Tus ojos hablan y me cuentan lo que tu boca no me confiesa.

Un lenguaje sin palabras para entenderte.

Tu boca cerrada se muerde la lengua y yo mordí el anzuelo.

A río revuelto el pez está perdido.

Tu piel recorre caminos con pasos que  tus pies nunca dieron.

Distancias invisibles. Laberintos de cipreses.

Tu espalda me grita indiferencia como el muro de mis lamentaciones.

Exiliada en una frontera imaginaria. Aquí frío y allí calor.

Tus dedos sentencian cuando antes eran una ONG de caricias.

Diez jueces para un solo delito.

Tus brazos antes llenos de todo, ahora llenos de nada.

Un hueco donde juega a retumbar el eco de mis súplicas.

Tus oídos ahora sólo reciben señales codificadas y no me sintonizas.

Lo que el viento se llevó me lo devolvió una tormenta.

Tus piernas que tan bien abrazan, ahora sólo quieren salir corriendo.

De carrera de fondo a  escasos cien metros con obstáculos pisando el barro.

Todo tú siendo otro.

Tal vez otro que se hizo pasar por ti.

Toda yo queriendo ser la misma de antes.

La cazadora cazada.

Intoxicada con mi propia medicina.

Te reto 2012

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3ENERO2012 TE RETO 2012

Te reto porque no me das miedo. Haré de ti el mejor año del mundo y haré del mundo una fábrica de optimismo si es preciso. Sacaré conejos de una chistera para reinventar las ilusiones que,  aunque ahora estén en peligro de extinción, sé que muy pronto se reproducirán por doquier, en todos los rincones del mundo.

Te reto porque soy una corredora de fondo de las que siempre llegan a la meta. No me importa hacerlo exhausta, cansada o algo débil,  porque cuando traspase la línea de llegada,  te miraré a los ojos para recordarte que lo importante del viaje es llegar y no lo difícil del camino. No me subestimes, no te conviene, porque hasta soy capaz de dar un sprint final si es preciso.

Te reto a mirar al horizonte y a imaginar un mundo mejor al otro lado de la línea divisoria del aquí y ahora. Allí está lo que busco y voy a por ello y no voy sola, somos muchos, cientos, miles, probablemente millones de personas mirándote de reojo, jugando a vestirte de esperanza y despojarte del disfraz de Apocalipsis que vienes luciendo,  unidos te quitaremos la careta de espanto que nos asusta. La unión hace la fuerza y juntos escribiremos el guión de la historia con un final feliz.

Te reto a enfrentarte a la más poderosa de todas las energías, el amor. El amor es un lienzo en blanco que tapa todo lo negro y que deja que los colores dibujen bonitas historias.  Nunca nadie pudo derrotarlo y ésta no será la primera vez.

Te reto a escuchar la música de la risa, a caminar cantando bajo la lluvia, sabiendo que terminará por salir el sol, a compartir el paraguas mientras tanto y a mirar hacia delante buscando la luz que todo túnel tiene al final del camino. Estoy preparada, llevo linterna mientras todo esté oscuro.

Te reto y te advierto que vamos a ganarte la partida.

Mi querido profesor de matemáticas

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Mi querido profesor de matemáticas:

Las sinuosas curvas de los números escritos por ti en la pizarra, me tentaron un día, sin más remedio que sucumbir a la  ecuación de segundo grado  que la vida nos planteaba.

No fue fácil aprender de ti, no porque fueras un mal maestro, sino porque lo que yo quería que me enseñaras normalmente solía ser una incógnita de imposible resolución o al menos eso decías tú.

Desde el primer momento supe que el amor no es una ciencia exacta, ni mucho menos, porque cuando yo me empeñaba en sumar, tú restabas y cuando multiplicar era lo más apropiado para mis deseos, la vida dividía nuestros caminos.

Dice el refrán que no hay dos sin tres, pero tú, que tanto sabes de números, me enseñaste infinidad de veces que fuimos tres sin ser dos.

Cuántas veces me sentí a tu lado como un número negativo, como un cero a la izquierda, como una potencia de exponente cero, cuando lo que realmente pretendí siempre, sin llegar conseguirlo, fue ser el número infinito, ese que nunca que se acaba.

Me decías que todo lo hacía complicado, que la vida es tan sencilla como contar con los dedos, pero en realidad eras tú el que hacía trampas todo el tiempo y usaba la calculadora.

Me di cuenta en seguida de lo que estaba ocurriendo. Yo era un número más de tu progresión geométrica, pero cuando quise multiplicarte por cero, ya te tenía grabado en números rojos en  mi balance del amor.

Cuando me rompiste el corazón en tantos trozos  hasta convertirlo en una fracción de lo que fue, ya nunca más pude recomponerlo, ya nunca más volvió a ser una unidad.

Pero ahora ya no te extraño, he aprendido a despejar la incógnita y así lo veo todo mucho más claro y por eso te escribo esta carta.

Sólo quería decirte, mi querido profesor de matemáticas, que has suspendido el examen y que la asignatura del amor no se puede recuperar si la cursas conmigo, aquí no vale la propiedad conmutativa y el orden de los factores sí altera el producto.

Sigue jugando a las probabilidades con quien quiera ser tu porcentaje, búscate otra hipotenusa para tu teorema y no te olvides que para mí, siempre serás el cateto.

Llévate mi cuerpo

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Llévate mi cuerpo

Te invito a mezclarnos como dos colores distintos de plastilina

Para nunca más poder separarnos

Rescátame de los espacios en blanco que hay entre mis palabras

Y llévame hasta el cielo disfrazada de fuegos artificiales

Llévate mi cuerpo

Si lo haces sabrás que sé escribir poemas sobre el agua

Y que cuando nieva sobre una hoguera

No hay nieve lo suficientemente helada

Que no termine por derretirse

Llévate mi cuerpo

Secuéstrame y luego trata mi síndrome de Estocolmo

Déjame pasar de verso a falta de ortografía contigo

Dibujemos garabatos en las sábanas

Inventemos un perfume nuevo

Llévate mi cuerpo

Consume, lame, repite, muerde, devora

No hagas dieta por un día

Convierte mi ombligo en el centro del mundo

Y explora nuevas fronteras

Llévate mi cuerpo

Sin envolver, sin ticket para cambiarlo

Sé que te gustará y querrás quedártelo

Llévatelo

Porque ya te he regalado mi alma

No te lamentes

cerilla

No te lamentes, duró lo que duran los placeres, ninguno es más que una cadena de suspiros donde algún eslabón termina por romperse.

Esas cosas pasan.

La vida no diseñó nada eterno para que aprendiéramos a valorarla y lo nuestro no iba a ser una excepción.

Sin rencores.

Bien es cierto que el comienzo tuvo su gracia, que fuimos como el encendido de una cerilla, un roce que hizo saltar chispas y tras ellas, esa efímera explosión de luz y calor.

Unos segundos de éxtasis.

Pero al igual que la cerilla, por no soplar a tiempo la llama de lo nuestro para apagarla, me terminé quemando los dedos y eso duele.

Claro que ni me hizo llaga, ni siquiera me has dejado marca.

No quemas en tercer grado, es la verdad.

Sin ánimo de ofenderte.

Así que ahora de nada sirve lamentarse cuando ya somos tan sólo una cerilla quemada, sin llama, sin luz, sin fuego, con fuerte olor a azufre y de un solo uso antes de tirarla.

Haberte buscado un fuego más intenso.

El pasado nada cambia y si te quemaste los dedos como yo, que te sirva para la próxima vez.

¿O es que a ti nadie te dijo que no se debe jugar con fuego?

No te lamentes, cariño,  fue bonito mientras duró.

Lámete las heridas y sigue adelante que yo ya he pisado los restos de la cerilla.

Soy un Quijote

Quijote de Antonio Saura (1930-1998)

Érase una vez que se era, un quijote sin lanza, que no atacaba molinos de viento, ni montaba a caballo, ni vestía armadura, pero un quijote al fin y al cabo.

Un idealista, un loco soñador, un hombre mortal, capaz de creer en lo imposible, posiblemente un enfermo utópico y atípico, un quijote del siglo XXI.

De día trabajaba en sus sueños y lo hacía con tanta fe, que le creyeron perdido en un onírico mundo inexistente, sólo porque otros no le podían comprender.

Pero él siempre corría detrás de sus objetivos, sin descanso, porque así, decía él, huía de convertirse en un quijote frustrado.

Y gritaba por la calle: “¡Que la frustración me persiga a mí, que yo perseguiré a mis sueños y a ella, maldita bruja, a ella le daré esquinazo!”

Cubría su cuerpo delgado con un chubasquero blanco, para aguantar los chaparrones de los que le señalaban con el dedo a diario.

Se volvió sordo para no escuchar las críticas y ciego para no ver todo lo que le distraía.

Y cada día, desde el alba hasta el anochecer, perseguía a sus sueños sin desfallecer.

Al caer la noche, que siempre es mala consejera, el quijote del siglo XXI, ahuyentaba los fantasmas del subconsciente de toda una sociedad incrédula.

Y como en sueños sí usaba lanza, y armadura y caballo, atacaba con furia a los prejuicios de saldo, a los consejos de los frustrados, a los perdidos, y a los que sucumbieron en sus penas ahogados.

Pero al salir el sol de nuevo,  desayunaba optimismo y la fuerza de sus deseos le ayudaba todo el día a perseguir sus sueños y a creer en sí mismo.

Incluso un día alcanzó a uno y fue tan feliz, que hasta tocó el cielo, y a carcajada limpia se rió entonces de los que decían, que nunca podría hacerlo.

Y renovó sus metas para seguir corriendo, porque las nubes nacieron para adornar el cielo y los quijotes, amigo mío, los quijotes nacieron  para perseguir los sueños.

Equilibrio

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Juego a hacer equilibrios, a correr despacio y vivir muy lento, a parar el tiempo, a no mirar a los lados del alambre de espinas por si me da vértigo.

El infinito puede durar un instante si lo disfrutas y una eternidad si te lamentas pero mientras tanto, si se me rompe el tacón por el camino, lo tengo decidido, iré descalza.

Los caracoles no pueden llegar pronto a la meta pero tampoco lo pretenden por eso, aprendí de ellos que, cuando correr no significa llegar lejos, mejor tomarse la vida con calma.

Pero tan sólo un suspiro inclina la balanza, que intenta hacer equilibrios imposibles y aunque lo intente con ganas, la pobre balanza no puede estar quieta, porque nació para estar inclinada.

Y me pincho de vez en cuando, con el alambre de espinas de mi equilibrio, y entonces es cuando elijo entre quejarme de dolor o caer al abismo.

A veces grito, a veces caigo, a veces me muerdo la lengua y sigo andando, como un caracol que no sabe ir deprisa, como una balanza inclinada cada vez de un lado.

Pero así es la vida en este momento, un aventura de funambulista de barrio, descalza porque perdió un tacón de sus zapatos baratos y con vértigo si mira a ambos lados.

Avanzo esquivando las espinas del alambre que piso, mirando al cielo por no mirar abajo y caminando, caminando, caminando, cuando no puedo con los pies, avanzo con los brazos.

Paréntesis

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Camino despacio haciendo memoria, porque ahora mismo para mí tú eres sólo melancolía. Amarga melancolía que trago como quien traga la medicina para el dolor de pensamientos.

Me duele pensarte todavía.

Si quisiera olvidarte sin duda podría hacerlo, al menos eso cree mi autoestima,  pero prefiero que seas un paréntesis en el relato de mi vida, una nota aclaratoria a mi estupidez reiterada. Así podré castigarme acordándome de ti siempre que vuelva a sentirme culpable.

La ciudad huele a castañas asadas porque ya es otoño y si por mí fuera no volvería a tener primaveras, pero pensándolo mejor, me gusta imaginarte muerto en mi corazón, llevándote flores que calmen mi conciencia y sin primavera, no tendría flores que llevarte. A pesar de todo sé que sólo es un mecanismo de defensa porque nunca podré matarte de mis pensamientos, echaste raíces.

Siempre dijiste que era una sarcástica con mala sombra y escaso sentido del humor. Ya sabes que yo pensaba de ti que eras un ser carente de sentido del amor. Además, tal vez tenga mala sombra pero recuerda que para tener sombra, mala o buena, primero tienes que lucir.

No estoy resentida, aunque te lo pueda parecer, sólo es que mi dolor tiene memoria y a veces le ruego al cielo que enferme de amnesia permanente pero, ya ves, no siempre se tiene todo lo que se quiere.

Te desearía lo mejor, pero he de confesar que no soy tan buena gente, por eso sólo te deseo que te ocurra en cada momento lo que me haga sentir mejor en cada instante. Estoy en la fase en la que todavía disfruto con tus miserias. Al fin y al cabo si yo me tragué tus mentiras no debería molestarte que yo te vomite mis verdades. Desde que te fuiste sufro ataques repentinos de sinceridad, me lo estoy mirando.

Pues eso, querido paréntesis, que estaba pensando en ti mientras camino despacio por la ciudad. Hace frío y me duele pensarte, pero albergo la esperanza de que bajen las temperaturas y se me congele tu recuerdo al menos por unos instantes.

Reinventarse

Imagen obtenida de la web www.garabatosalaorilladelmar.blogspot.com

Me he reciclado, he hecho de mí misma alguien igual pero diferente, del mismo material pero mejor aprovechada, de la misma esencia pero transformada.

No soy ni de papel, ni de plástico, ni tan siquiera soy tan sólo materia orgánica pero, me he reciclado. Me sometí a una auditoría y me pedí explicaciones. Unas me convencieron más que otras pero todas fueron necesarias para separar lo aprovechable de lo desechable. Separé lo que quería conservar y me deshice del resto. Y en el pozo de mi crisis, en aquel lugar oscuro, toqué fondo, pasé frío y tuve miedo, hasta que comprendí que el suelo de mi agujero negro me podía servir para impulsarme y subir hacia arriba, esta vez sí, porque hubo veces que incluso subí hacia abajo por increíble que parezca. Ahora soy yo misma,  sin haber dejado de serlo nunca, pero reinventada, libre de materiales pesados. Ahora floto si no quiero bucear y me moldeo como la plastilina.

El reciclaje de uno mismo es un proceso sumamente interesante, lo recomiendo a todo el mundo. Gracias a él  he comprendido que no soy el envase del perfume, ni siquiera soy el líquido que alberga dentro, ahora sé que soy el aroma, lo que  convierte al perfume en único, lo que me hace ser una sola en un mundo con millones de olores. No soy un código de barras, no tengo precio que pueda pagarse, no pago el precio que dicen que valgo. Ahora soy una gata que ha escapado por la ventana y mira el mundo desde los tejados. Ahora soy de un material más ligero y resistente. Flexible como un junco y mucho más impermeable que antes, que tantas necedades me calaban hasta los huesos.

Me he reinventado con los trozos que pude aprovechar de mi reciclaje personal y ahora soy tan nueva como vieja,  con toda la vida por delante.

Soy un Ave Fénix.

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