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El calcetín solitario

Imagen obtenida de la web www.estelletalavera.blogspot.com

Te extraño. Me he dado cuenta de que me faltas al guardar la colada. Soy un calcetín solitario, la pareja de otro calcetín extraviado. Y lo peor de todo es que no sé en qué parte del camino te quedaste, si te perdiste o te escapaste. Tal vez  tu ausencia se deba a que quedaste atrapado en el fondo de la lavadora, cuando quisimos limpiar nuestras miserias o tal vez volaste libre del tendedero cuando la pinza de mi amor te apretó demasiado y el viento te regaló la libertad haciéndote creer que eres un pájaro.

Te extraño. ¿Qué sentido tiene ser un calcetín solitario? Hay cosas que nacen para ser de dos en dos y nosotros siempre fuimos un par porque, aunque  cubrimos pies distintos, ambos hicimos siempre el mismo camino, un recorrido paralelo con un mismo destino.

Te extraño. Mi vida pasa  ahora por esperarte en el fondo de un cajón, por si algún día apareces por sorpresa. Cuentan historias de calcetines perdidos que volvieron al invierno siguiente, con los nuevos fríos. Yo sola no tengo sentido y ni siquiera me sirve de pareja algún que otro calcetín perdido que hace tiempo languidece esperando, arrinconado, escondido para que no lo tiren a la basura. Nadie quiere a un solo calcetín.

Te extraño.  Nunca temí los remiendos que el desgaste de la vida pudiera causarnos, ni siquiera los pinchazos de la aguja que nos cosiera. Me hubiera encantado pasar una vida entera contigo, morir de viejos y remendados. Sin embargo, jamás imaginé que doliera tanto quedarse a solas apenas recién estrenado. Te extraño… y no tiene sentido ser un calcetín solitario.

La niña árbol

Imagen obtenida de la web www.fondosya.com

Ésta es la historia de una niña que se convirtió en árbol, comenzando por su cabello, una mañana de otoño, después de un triste verano. Sus mechones enroscados se tornaron fuertes ramas, que se alzaron a la luna, que sin éxito, intentó consolarla. Pobre niña sin amor, golpeada y olvidada. La niña árbol quería escapar, cansada como estaba, a tan corta edad.

Sus diminutos pies, que calzaban zapatos de princesa cuando soñaba, penetraron en el suelo, heridos por ir descalza. Se agarraron a él con fuerza, con rabia de incomprendida, hasta volverse raíces, varios metros bajo tierra. Ahora ya tenía ramas, como brazos que rozan el cielo y firmes raíces, como pies sujetos al suelo.

Los médicos dijeron que había muerto, aunque pareciera viva, tan sólo era un vegetal, que junto a una máquina dormía. No volvería a sonreír, ni abrir los ojos al día,  porque la muerte en vida es oscura, aunque para otros, el sol siempre brilla.

Pero en realidad para entonces, ya era una niña árbol y todos lo desconocían. Se sentía fuerte y recia, frondosa y elegante, un árbol en algún parque, para dar sombra a  los niños  queridos, que meriendan amor de madre.

La niña quiso ser árbol para dejar de ser niña, un día fresco de otoño, después de una paliza maldita. A un árbol grande y fuerte, pensó, ni siquiera un rayo lo parte.

Pidió entonces con fuerza, que quería ser un árbol, hasta suplicó a las estrellas que atendieran  sus deseos ya que, siendo niña, por mucho que los gritó, pequeña y desesperada, jamás la oyeron.

Justicia para una niña inocente, pedía todo el mundo ahora que era un árbol. Cárcel para el monstruo que le había hecho daño. Y la máquina del hospital pitó su muerte estridente. Sollozos descompuestos, histeria colectiva. La niña estaba muerta y todos lloraron su suerte.

Pero nadie supo jamás, que la niña no había muerto y que sus deseos de ser árbol cumplió, como en un cuento. La niña árbol ya no lloraba y ya no sentía miedo. Le encantaban las tormentas, cambió sus lágrimas por rocío y bailaba al son del viento.

Muy pronto hasta  hizo amigos, otras muchas niñas flores,  y hasta un niño río, con agua fresca brotando a borbotones  y al llegar la primavera, la niña árbol dio sus frutos, un puñado de generosos corazones.

Soy el tiempo.

Relojes de Salvador Dalí

Soy el tiempo.

Muero cuando estoy naciendo, para vivir por siempre, porque soy eterno.

Soy experto en impartir justicia  y el orden es mi neurosis.

Pongo cada cosa en su sitio y dicto sentencias universales.

Sin embargo, mi especialidad es la medicina porque curo todos los males.

No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista.

Los ancianos se lamentan de mi rápido transcurrir.

Pero la juventud, sin embargo, me malgasta y me subestima.

Soy decidido y nunca doy un paso atrás.

Mi destino es el camino y no me importa llegar.

No es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor.

¿Acaso dudas de que lo mejor siempre está por llegar?

Presumo de buena memoria, recuerdo todos tus actos.

Cosecho lo que tú siembras y te lo advierto…

Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Soy el tiempo y  no me gasto.

Todo llega y nada queda, menos yo que soy eterno.

Soy verdugo de la vida y maestro de ignorantes.

Soy el tiempo poderoso, tu rival y compañero.

No importa lo que te creas…

La partida siempre gano.

Soy el tiempo justiciero, pendenciero y arrogante.

Vive intensamente, antes de que yo te mate.

La poesía

21 de Marzo. Día Mundial de la poesía.

imagen obtenida de la web www.hadabruja.blogspot.com

La poesía es el antibiótico del alma, la que cura los catarros del corazón y suaviza la garganta cuando la congoja se aloja en ella.

La poesía te eriza la piel aunque haga calor y te recuerda que las palabras pueden ser cálidas en pleno invierno.

Con la poesía se hacen canciones, pequeños romances entre letras y notas musicales que acercan al pueblo, las historias más intelectuales.

La poesía es el alimento de quien pasa hambre de espíritu y de bolsillos vacíos. Es el aire para el asmático de sensaciones, el que se ahoga en lo mundano, el que respira por los poros de la piel.

Con la poesía se duerme a los niños con dulces sueños y se despiertan conciencias de los adultos. Es una gota de agua clara en mitad del fango. Es el garabato de un niño convertido en obra maestra.

La poesía es bella cuanto más vieja y sabia cuanto más se repite. Corre de boca en boca como un beso furtivo en una orgía de palabras mezcladas sabiamente. No es celosa, porque sabe compartirse y es algo lasciva, porque siempre provoca placer.

Con la poesía se saltan muros y se borran fronteras. Es la llave maestra de la opresión y domina el arte de hacer sencillo lo imposible.

La poesía es carnal porque siempre se muestra desnuda. Descarada porque siempre dice verdades y libre porque no tiene fronteras, ni leyes, ni tan siquiera tumbas, porque también es eterna.

Con la poesía gocé y grité mis verdades. Por ella me llamaron loca. Sin ella me sentí perdida. Junto a ella nunca me siento sola.

La poesía me contagió para siempre como un virus incurable que no tiene vacuna. Hizo de mí mejor persona y mejor pensante. Me convertí a su religión sin que ningún dios me convenciera. Es mi reina sin dejar de ser una plebeya.

La poesía me resucitó en mi agonía, es infinita, inagotable y generosa.

La poesía es mi inspiración, mi viaje y mi destino.

¡Cumplimos tres años!

Imagen obtenida de la web www.ysiesel.blogspot.com

Esta es la historia de un blog que nació por no morir. En mitad de una crisis mundial, cuando miles, tal vez cientos de miles de proyectos, agonizaban en plena gestación, sin tan si quiera materializarse, El Blog de Paz Castelló, abrió las hojas de su ventana al mundo porque se resistió a cerrarlas para siempre. Siempre he sido muy cabezota, lo confieso, aunque prefiero llamarme perseverante y fruto de esa perseverancia, hoy, tres años después, escribo este texto.

Aprendí, un poco empujada por la vida, a reinventarme, a mudar la piel y mimetizarme con el entorno para, al menos, poder sobrevivir. No en vano pertenezco a una familia numerosa donde todo ha costado mucho esfuerzo y eso, para bien o para mal, forma parte de mis genes y ha forjado mi carácter.

En mitad de una crisis, llevada por mi instinto de bruja, de eso también tengo un poco, lo que fue en su día una página profesional, con un poco de ayuda se transformó en un sencillo cuaderno literario en versión digital. Así que allí estaba yo, sola frente a la informática, a la que llegué algo a destiempo, como en una película del oeste, donde sólo uno sobrevive al duelo.

Pasé pues de escribir en una cuartilla, con mi bolígrafo bic, y guardar mis escritos en el cajón de mi mesilla de noche, para terminar muriendo en una papelera un día cualquiera de limpieza, a exhibir mi corazón y mi alma, casi como en un ejercicio de pornografía interior, no exento de cierto pudor al principio he de confesarlo, y almacenar todas esas palabras más o menos ordenadas,  en esto llamado Internet, la mesilla de noche del mundo entero.

Y casi sin pretenderlo, el efecto multiplicador dio sus frutos. Recogí una estupenda cosecha de cariño sin tan siquiera ser consciente de haberla sembrado.

Han pasado tres años, cortos para lo bueno y a veces largos en los días grises, pero siempre he tenido la sensación de no estar sola frente a la pantalla de mi ordenador. Os he tenido presentes aunque no os viera, como el actor que interpreta su obra en un teatro lleno de público, al que no es capaz de ver, pero al que siente respirar y emocionarse. Tres años que han sido preciosos, sencillamente indescriptibles. He trabajado muchas horas y lo he hecho con sumo placer y dedicación, pero también puedo decir que he recibido mucho más de lo que haya podido dar a través de esta pantalla, os lo aseguro.

Por eso hoy os invito a soplar las velas conmigo, porque sé que estáis ahí y una parte de este pastel casero hecho con el amor de quien os escribe, es para que lo degustéis conmigo.

Sé que los números son fríos, pero si me lo permitís, encima de esta tarta virtual, además de esas tres velas, quiero poner las setenta mil visitas que hemos conseguido alcanzar, cuarenta mil de ellas, tan sólo en el último año.

Con la mochila llena de vuestro cariño, miro hacia delante, perseverante y preparada para lo la vida me depare. Seguiré escribiendo y sólo os pido, que vosotros me sigáis leyendo.

¡Gracias! ¡Qué escasa se queda esa palabra para cuanto os quisiera transmitir pero al mismo tiempo qué precisa!

Gracias a tod@s.

Hoy este post es vuestro, así que os invito a participar de esta fiesta en forma de comentario, la entrada es libre.

Peldaño a peldaño

imagen de la web www.payasocontradictorio.blogspot.com

Con algunas de mis ilusiones me ocurre lo mismo que con las galletas que mojo en el café con leche, cuando estoy a punto de llevármelas a la boca, se me rompen, se caen y me salpican, dejándome con la boca abierta y con cara de idiota.

Y es que últimamente tengo la sensación de que es posible tocar el cielo, rozarlo con la punta de los dedos y sin embargo hacerlo sin despegar los pies del mismo infierno. Cielo e infierno contenidos en poco menos de un metro sesenta. Mirar hacia arriba por no mirar hacia abajo.

Cada día subo un peldaño de esta escalera que es la vida, a veces dos e incluso tres, sin contar los que ya he subido, sin contar los que me faltan, pero cuando me canso, no puedo evitar pensar en los que usan el ascensor y suben y bajan y bajan y suben sólo con darle a un botón.

Sé que es poco práctico mirar el huerto ajeno, porque dicen que cada uno recoge lo que siembra y quien siembra vientos recoge tempestades, pero por más que riego mi huerto, que lo abono, que lo cuido, vivo con la incertidumbre de que una ventisca o una tormenta de granizo acabe con lo sembrado durante años.

También soy consciente de que la peor plaga posible es siempre la desilusión, por eso intento desayunármela cada mañana porque, si me la ceno, la termino por soñar y al despertar ni me acuerdo.

Pero soy fuerte porque sé que soy débil, porque me conozco como el peor de mis enemigos y me quiero como el mejor de mis amigos. Así que sé que siempre me tendré a mí misma, y compraré cuantas galletas necesite llevarme a la boca, subiré los peldaños de dos en dos si es preciso y haré de mi huerto un invernadero para que mi cosecha sea a prueba de tormentas.

Y si alguna vez toco el cielo con la palma de la mano y no con la punta de los dedos, me acordaré de cuando mis pies pisaron el infierno.

Como un libro abierto

Imagen de la web www.devocionalnuestropandiario.blogspot.com

Lo nuestro es como un libro abierto, lleno de historias por descubrir donde perderse en los callejones en los que se trafica con mensajes para descifrar entre líneas.

A veces me gusta leernos de día, descubrirnos en relatos costumbristas de historias cotidianas, tomando un café humeante, disfrutándote sin sobresaltos ni finales trágicos.

Otras veces me gusta más leernos de noche, con la habitación a oscuras y sólo la luz de una lámpara detrás del sillón orejero. Entonces es cuando leo historias perversas, apasionadas, prohibidas, nuestras historias secretas aunque no siempre sean felices.

En cualquier caso siempre me gusta releernos, porque en cada lectura te descubro en matices y pasas a ser un personaje distinto, para durarnos mucho tiempo, para que nuestro libro sea diferente cada vez, en cada lectura.

Si quiero que todos se enteren leo en voz alta y te presumo, te comparto, te muestro para que mueran de envidia.

Si quiero seducirte, te leo en voz baja, para acariciarte con cada palabra y doblegar tu voluntad a mis deseos.

Si lo que quiero es que seas sólo mío, te leo sin pronunciar palabra, para mis adentros, para guardar tu historia  dentro de mi historia y mezclarlas.

Y cuando lo que quiero es leerte sin que tú lo sepas, furtiva, leo los silencios que esconden los renglones, donde no hay letras pero sí secretos que aguardan ser escritos, donde no hay tinta pero sí un blanco inmaculado que es el color de lo que aún te queda por contarme.

Me gusta leerte y que me leas. Me gusta leernos. Inventemos historias, leamos silencios, juguemos a ser siempre como un libro abierto.

Sóplame

Soplar…

Es acariciarte con el aire que sale de mi boca

Suspirar…

Es arrancarte del hueco de la ausencia

Imaginar…

Es tenerte a mi lado a pesar de la distancia

Muéstrame de qué forma

puedo soplarte  cuando estás lejos

Suspirarte cuando estás cerca

Imaginarte cuando duermo

Suspírame si te dejo mañana

Imagíname si te falto ahora

Pero sóplame en este instante

Sóplame hasta erizarme…

Para que nunca tengas que imaginarme

Para que nunca tengas que suspirarme

Pensando en pensar

imagen de la web www.pacobailacoach.blogspot.com

Pensando en pensar me pierdo en mis pensamientos.

Porque pienso, luego existo, pero si decido no existir y escapar por un instante, no soy capaz de usurpar el pensamiento ajeno y ante la imposibilidad de no pensar en nada, no encuentro el off en mi cabeza.

A veces me debato entre pensar y sentir y ante la duda, siento lo que pienso porque pensar lo que siento no me funciona, mi corazón es un gran anarquista de convicciones profundas.

Si pienso en mí, me siento libre, pero a la vez egoísta y si dedico el tiempo a pensar en ti, debo hacer mía la máxima que dice que de pensar mal acertaré, por si acaso te da por traicionar mis pensamientos.

Hay días en los que me despierto con pensamiento crítico y todo lo cuestiono. Que por qué esto, que por qué aquello, y no siempre encuentro respuesta. Sin embargo, otras veces me dejo llevar por el pensamiento colectivo, cuando estoy cansado y de sólo pensar en pensar me agoto. Entonces me creo lo que me cuentan, por pura inercia, y hago mío el pensamiento que otros quieren que piense como un vulgar parásito de las ideas. Pero lo suelo hacer poco, es peligroso, de seguido tu cabeza enferma rápido de alzheimer de pensamiento y se olvida de pensar por sí misma.

Pero lo peor de todo es cuando mis pensamientos se devoran entre ellos como en un proceso de autofagia entre ideas, canibalismo existencial en mi cabeza.  Entonces una idea se come a otra y esa misma es destruida al instante por otra idea hambrienta.

Pensando en pensar me va a estallar la cabeza.

Mordí el anzuelo

Imagen obtenida de la web www.hipogeo.blogspot.com

Tus ojos hablan y me cuentan lo que tu boca no me confiesa.

Un lenguaje sin palabras para entenderte.

Tu boca cerrada se muerde la lengua y yo mordí el anzuelo.

A río revuelto el pez está perdido.

Tu piel recorre caminos con pasos que  tus pies nunca dieron.

Distancias invisibles. Laberintos de cipreses.

Tu espalda me grita indiferencia como el muro de mis lamentaciones.

Exiliada en una frontera imaginaria. Aquí frío y allí calor.

Tus dedos sentencian cuando antes eran una ONG de caricias.

Diez jueces para un solo delito.

Tus brazos antes llenos de todo, ahora llenos de nada.

Un hueco donde juega a retumbar el eco de mis súplicas.

Tus oídos ahora sólo reciben señales codificadas y no me sintonizas.

Lo que el viento se llevó me lo devolvió una tormenta.

Tus piernas que tan bien abrazan, ahora sólo quieren salir corriendo.

De carrera de fondo a  escasos cien metros con obstáculos pisando el barro.

Todo tú siendo otro.

Tal vez otro que se hizo pasar por ti.

Toda yo queriendo ser la misma de antes.

La cazadora cazada.

Intoxicada con mi propia medicina.

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