El jarrón roto
Jueves, 21 de Enero de 2010 por pazcastello

No hay pegamento que pueda arreglar el jarrón que se me rompió. Junté todas las piezas, una a una, por pequeña e insignificante que me pareciera, porque pensé que todas eran importantes y que, incluso las más pequeñas, servían de apoyo para otras quizá más grandes pero, no por ello, más importantes.
Le dediqué tiempo, paciencia y cariño, porque las cosas hechas con cariño siempre salen mejor, es el ingrediente secreto. Pero, a pesar de mi dedicación, el jarrón nunca será el mismo. A simple vista tiene grietas, muchas grietas, aunque no me importa demasiado su aspecto físico. Si le echo agua para poner unas flores, el agua se filtra por las juntas, esas que con tanto mimo pegué.
Me gustaría retroceder en el tiempo hasta el momento justo en que dejé caer el jarrón de mis manos. Si pudiera, lo sujetaría firmemente pero sin apretar, lo admiraría por su belleza y agradecería en cada momento, lo útil que me resulta y cuánto me gusta que sea mi jarrón. Nunca le dije todas estas cosas porque nunca pensé que se me pudiera caer y romper en mil pedazos. Tampoco pensé que, aunque pegara todos los trozos, ya no sería el mismo jamás.
Sencillamente hay cosas que no se pueden arreglar aunque lo intentes, aunque lo desees y sólo descubres cuánto te gustaban, cuando ya están rotas o cuando has intentado pegar sus pedazos con la intención desesperada de recuperar lo perdido.
A mi eso me está pasando con una vieja amistad. Por mucho que quiero arreglarlo con ella, sé que nunca volverá a ser como antes y que, de momento, ese jarrón permanecerá roto en el suelo hasta que por gracia divina alguno de los dos se decida a traer escoba y recogedor. Como siempre, compañera y amiga, una entrada muy buena. Yo también te sigo desde la distancia. Un beso enorme desde México. Te extraño!
Alejandro.
A veces las prisas, las obligaciones, la rutina, … nos ocultan lo importante, lo que tenemos más cerca, lo más bonito y a lo que no prestamos la atención adecuada. GRACIAS por recordarnos que cuando algo no se cuida se puede llegar a perder, o cuanto menos a dañar de forma irreparable. BS!!!
Mi jarrón se llamaba Santiago y tampoco pude pegar los pedazos rotos.
Aveces no viene mal renovar la decoración, no gasteis pegamento y comprad uno nuevo. Y si teneis que poner las flores en un vaso por un tiempo, hasta que encontreis el adecuado, tampoco se acaba el mundo. Hay jarrones que no merece la pena intentar salvar sólo porque llevan toda la vida en el mismo sitio y nos hemos acostumbrado a verlos a diario al llegar del trabajo. No es tu caso Paz, el tuyo es para envolverlo en ese plástico de burbujitas de por vida. Por cierto, dale un beso de mi parte, que no se te caiga nunca.
Te responsabilizas de que el jarrón se rompa…
Crees que lo tratas mal…
De acuerdo, valoremos todo lo que nos rodea, mimemos y miremos lo que tenemos y no apreciamos, pero no olvides que no solo depende de ti tu amado jarrón, depende de todos los que interaccionan con él y por último, y no menos importante depende de lo fuerte que el sea o quiera ser.
Dale un beso a tu jarrón, aunque él no pueda verte.
PD.- He hecho un viaje en tu blog de tu presente hasta aquï, me ha gustado pasar esta tarde de nubes contigo y aunque no te conozca, he estado a tu lado, y he sido tu amigo. Un abrazo
he leido tu metáfora del jarrón roto y refleja demasiado lo que me está pasando hoy.
Había construido desde hace algun iempo una relación amitad-profesional con unos colegas, con los que pensabamos armar una productora. Pero por una tontería todo se hizo trizas, y hoy ellos y mis sueños de realización profesional son mi jarrón roto.
gracias por escribir tus sentimientos aqui, aunque no nos conocemos me consuela saber que aun hay personas que dicen lo que sienten y luchan por que su mundo se mantenga en pie.
Quisiera citar tu texto en mi página, aludiendo que es tuyo, claro.
muy bueno. quisiera tenerlo y enviarlo.