Y de repente…

Y de repente me quedé afónica de tanto repetirte lo que soy, lo que me gusta y lo que te quiero. Y yo gritaba, a veces susurraba o, simplemente, repetía la letanía de quien mendiga amor. Pero debe ser que estabas sordo o, tal vez, que mis palabras eran demasiado necias para tus oídos, porque sólo el eco me dio respuesta y así, de repente, me encontré hablando conmigo misma. Y de repente pasé de ser ciega a ser miope. Comencé a…